Archivos para junio 2019

Corazón esponsal de Cristo, ruega por nosotros

Tu corazón de Esposo gusta de ese suave amor, y de esa unión inefable, que reservas para los tuyos, los más íntimos. Corazón esponsal, que palpitas al unísono con tu Esposa, la Iglesia. Esposo de tantas almas, que se dejan traspasar contigo por aquella misma lanza que abrió tu costado en la Cruz, y que hacen suyos cada uno de esos latidos de tu sagrado Corazón. Amor desposado y crucificado, que atraes al alma por caminos de nada y de Cruz, sólo para hacerle gustar las delicias de tu divinidad entregada. ¡Cuánta cruz y cuánto gozo, cuántas confidencias tejen esta mutua entrega entre Dios y el alma! ¿Cómo es posible que el alma mendigue otros amores, si está hecha sólo para el tuyo? ¿Acaso no es precisamente la debilidad y la nada del amor de las criaturas lo que más cautiva y embelesa a esta misericordia divina, tan enamorada del hombre?

Buscas mi cercanía y mi intimidad, sólo por el deseo de darme todo lo tuyo. Eres Esposo amante, que vistes de tu gloria esta alma mía, tan necesitada de infinito. Reservas para tus íntimos todo aquello que el Padre te entrega, sólo porque en ellos quieres descansar, como descansas en el corazón del Padre. En ese Corazón amador están encerrados todos los hombres, por los que quisiste un día hacerte como ellos. Hay entre el alma y Tú mucho de ese cielo tuyo, que quieres darme y hacerme gozar ya aquí en la tierra. Corazón esponsal de Cristo, que quieres para mí todo lo que quieres para tu Iglesia Esposa, atráeme a tu intimidad, acércame a Ti por esos caminos de unión, que tanto me cuesta recorrer. Que no me prive de ese anticipo de eternidad, que es vivir en unión contigo, pues nada de este mundo puede compararse a ese poco de intimidad, que das a gustar al alma que se te entrega como esposa.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

 

Corazón providente de Cristo, ruega por nosotros

Si tu mano paterna no cesa de alimentar a las aves del cielo, de acariciar la gloria de los lirios del campo (cf. Mt 6,25ss.), de revestir de hermosura la creación más insignificante, ¿cómo puede ser que mis ojos no descubran tu gracia solícita detrás de todos los recodos de mi existencia? Nada escapa a tu acción providente, nada hay que Tú no conozcas y permitas y, sin embargo, yo sigo empeñado en gobernar mi vida subido en el trono de mi autosuficiencia. Los agobios, dolores, imprevistos o preocupaciones serían distintos si los viviera con una mayor conciencia de ser el hijo amado y predilecto de este corazón providente de Cristo. ¿No conoce Él ya todos mis afanes, mis límites, mis posibilidades? ¿No sabe Él mejor que yo lo que más me conviene para mi bien espiritual? ¿Por qué, entonces, esas impaciencias, tristezas, enfados, prisas y pesimismos ante acontecimientos imprevistos o situaciones que me superan? La serenidad de ánimo y la paz interior son el sello que distingue a los que se apoyan sólo en el sólido fundamento de la fe en la mano providente de Dios.

Tu providencia sostiene mi vida, como madre vigilante y solícita, que lleva en brazos la fragilidad del hijo pequeño. Nada escapa a tu mirada y a tu acción, pero sin violentar el tesoro de mi libertad. Tu Corazón providente se adelanta siempre a mis deseos y preocupaciones, aunque muchas veces no vea ese amor solícito de Padre, tras las apariencias difíciles y contradictorias. En ese amor providente he de saber descansar, confiando a esa mano solícita cada momento de mi existencia. Los lirios del campo y las aves del cielo no saben de ese amor que les viste y les sostiene y, sin embargo, hablan de la gloria divina que reciben. Tú vales más que los lirios y las aves, pues la gloria de Dios habita en ti.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

Corazón maestro de Cristo, ruega por nosotros

Todos te llamaban y te reconocían como Maestro, por la autoridad de tu vida y de tus palabras. Todos, menos los fariseos y escribas, letrados de la Ley, que sólo entendían de una autoridad y de una enseñanza centradas en la autosuficiencia de su propio poder. Tu sabiduría desconcertaba a los sabios de este mundo y, en cambio, fascinaba y atraía irresistiblemente a las gentes sencillas. Al calor de tu intimidad explicabas a tus Apóstoles las cosas del Reino, preparándoles así para vivir y enseñar a otros esa sabiduría de la Cruz que, durante la pasión, les hizo huir llenos de miedo. Cada instante de tu vida es una lección, que me enseña a poner el corazón en lo esencial. Tu ocultamiento en el seno virginal de María, tu trabajo y pobreza de Nazaret, tu entrega apostólica a todos los que te buscaban, tu obediencia extrema y delicada al Padre, tu humillación y ofrenda en la Cruz, ese olvidado silencio de tu oración en tantos y tantos sagrarios… ¿no me enseñan, quizá, cómo debe ser el seguimiento de cualquiera que quiera llamarse discípulo tuyo?

Corazón Maestro de Cristo, que me llamas a esa íntima identificación con tus sentimientos y actitudes, no dejes que abandone esa escuela de amor que es tu Evangelio, ni que huya de tus huellas cuando el camino del seguimiento se vuelva arduo y penoso. Sólo se penetra en lo más profundo de tu sabiduría, cuando el alma se deja despojar y liberar de todo lo que el mundo, los hombres, consideran como valioso y permanente. Los que se creen sabios, según los parámetros de la opinión del mundo, creen que, con su propia mentira y error, pueden comprar su salvación. Mejor pasar ante ellos por ignorante, inútil, inservible o secundón, que perder esa riqueza interior, de quien se sabe pobre e ignorante al estilo de Dios. En Él, sólo en Él, está el verdadero saber, la ciencia de la Cruz.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

 

Corazón de buen pastor, ruega por nosotros

Conoces íntimamente a tus ovejas, a cada una la llamas por su nombre, das la vida por ellas. En cada acontecimiento inesperado o aparentemente absurdo, en cada dolor, fracaso o sufrimiento, en todos los instantes de mi jornada, eres siempre el Buen Pastor, que me busca solícito para llevarme sobre sus hombros y recorrer conmigo el camino de mi vida. Corazón de Buen Pastor, que no escatimas deseos, amores y gracias, con tal de atraer hacia Ti un poco del amor y correspondencia de tus ovejas. ¡Cómo me cuesta adelantarme a las necesidades de los demás! ¡Cuánto me molesta e incomoda estar disponible para servirles sin medida ni regateos, para acompañar sus agobios y soledades, para calmar sus heridas! ¿Cómo no ofrecer mis hombros para que otras ovejas, todos los hombres, descansen en ellos y se apoyen en mí, para ayudarles a seguir caminando juntos hacia el Padre? Hay todavía muchas ovejas que no son de este redil y que esperan de ti que seas su cayado y pastor.

Has de conocer la voz de este Buen Pastor, si no quieres desviarte por caminos equivocados. Tantos lobos están siempre acechando, esperando el momento idóneo y buscando el modo más sutil de robarte el alma. No quieras separarte del redil de la Iglesia, pues es la Esposa quien mejor conoce la voz inconfundible del Esposo. Corazón de Buen Pastor, que cuidas los apriscos donde resguardar el alma y conoces los verdes pastos donde me llevas a descansar. Sólo siendo tu oveja podré ser para otros pastor y cayado y llevar en mis hombros las cargas de tantos hermanos, que sufren sin la fuerza de Dios. En el redil de tu Corazón entrañable quisiera yo descansar, viendo en tus divinos ojos el amor vigilante de quien conoce y abraza cada una de sus ovejas.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

Corazón orante y contemplativo de Cristo, ruega por nosotros

Cuánta contemplación íntima y escondida durante aquellos largos años de Cristo en Nazaret. Cuántas noches en oración, después de una jornada cargada de predicación, de milagros, de trato con la gente, de convivencia familiar con los apóstoles. Cuántos Getsemanís anticipados, cuántos deseos eucarísticos, cuántas miradas de amor a su Madre, cuánta oración por la futura Iglesia, por cada uno de los hombres, por mí. Así era la oración de su vida ordinaria, sencilla y simple en las formas, pero llena a rebosar del amor del Espíritu Santo y del Padre. Corazón orante y contemplativo de Cristo, capaz de transfigurarlo todo con brillos de eternidad, dando eficacia salvífica a las más pequeñas insignificancias. Cuánta aspereza y sequedad deja en el alma tanto activismo vacío de Dios, cuántos momentos que se escapan, deshaciéndose como la espuma, cuando no he sabido impregnarlos de tu presencia. Cuántas jornadas terminan marchitas y deshojadas, sin haber parado el corazón, siquiera un momento, en la contemplación de ese Corazón adorable.

Necesito la oración tanto como el aire en mi respiración. Y, aunque esa oración se me pase entre distracciones, cansancios, rutinas, desgana e inercia, siempre será eficaz, si convierto todo eso en amor a Dios y en conocimiento de uno mismo. El Espíritu Santo viene en ayuda de mi debilidad y es quien ora en mí. He de aprender a contemplar a Dios en las cosas, si no quiero que el activismo y el trajín de las cosas me separe de Dios. Todo ha de hablarme de Aquel que se me hace tan asequible y cercano, más que yo a mí mismo. He de pedir al Espíritu Santo el don de la oración y contemplación, pues es el camino seguro para entrar en el conocimiento de este dulcísimo Corazón, que ora siempre por mí al Padre.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

 

Corazón martirial de Cristo, ruega por nosotros

“Tengo por cierto que los padecimientos de esta vida presente no son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros” (Rm 8,18). Se habla poco de martirio y, sin embargo, el día a día de nuestra vida está cuajado de oportunidades pequeñas y escondidas en las que poder entregar la propia vida para dar testimonio de Dios. Mi bautismo me impele a ser testigo de Cristo con el testimonio constante y discreto, a veces oscuro y desapercibido, de mi vida martirial cotidiana. Corazón martirial de Cristo, que en cada segundo de tu existencia, en cada gesto, en cada palabra, en cada actitud, fuiste entregando tu vida como testigo predilecto del Padre, y llevaste esa ofrenda hasta el culmen de la Cruz. ¿Cómo puedo contemplar la Cruz y, a la vez, conformarme con un Evangelio fácil y amorfo, libre de trabajos, dolores y dificultades? ¿Cuándo aprenderé a amar la Cruz y vivir en ella esa dimensión martirial tan propia y definitoria de mi fe?

Hasta que no aprenda a morir a mí mismo, a mis faltas y pecados, no comprenderé la Cruz, ni el martirio. Has de saber dar tu vida por Dios, en cada instante de tu jornada, en las incontables ocasiones que te salen al paso. No sueñes con una entrega martirial, que quizá nunca vendrá, cuando no estás dispuesto a dar ese poco de tí mismo, que te pide Dios en lo pequeño. Hay muchas formas y ocasiones de dar nuestra vida por Dios, pero siempre has de buscar sólo su gloria, si quieres que esa entrega sea fecunda. El primer mártir del Padre fue Cristo, que aprendió a dar su vida recibiéndola de su Madre María. No quieras ir tú por caminos diferentes de los que enseña el Evangelio y, ya que algún día la vida te será arrebatada, entrégala ya desde ahora en manos de Aquel que es su único dueño.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

 

Corazón sabio de Cristo, ruega por nosotros

“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos” (Lc 10,21). Sólo las almas sencillas saben captar, por connaturalidad, la simplicidad del ser de Dios. Aquellos que no se andan con complicaciones, ni con falsedades, ni con hipocresías, ni con rebuscamientos, ni con apariencias, aquellos que no se dejan encandilar por la falsa sabiduría de este mundo, por sus criterios y medidas, anticipan ya aquí en la tierra la posesión de Dios, y tienen asegurada su bendición. Toda la sabiduría del Corazón de Cristo estaba en “las cosas del Padre”. Corazón sabio de Jesús, que nos enseñas la verdadera ciencia, aquella que el mundo no quiere conocer, porque es la ciencia del pesebre, de la vida oculta de Nazaret, de la Cruz, del silencio del Sagrario, del escondimiento del sepulcro. Tu saber divino siempre confundirá a los poderosos y sabios de este mundo, empeñados en construir su propia ruina sobre el débil fundamento de su autosufiencia.

Corazón sabio de Cristo, que conoces como dueño todas las cosas. Sabes de toda mi intimidad más que yo mismo y, sin embargo, nunca violentas mi libertad. Iluminas claramente a aquel que te pide luz y tocas suavemente al alma que busca penetrar en las profundidades de tu amor. Conocer tu sabiduría es sobrevolar con señorío el paisaje de este mundo que pasa. Nada se escapa a tu saber y, sin embargo, quisiste hacerte hombre, Maestro sabio y bueno, para crecer en el conocimiento de lo que Tú mismo creaste. Quiero penetrar en ese abismo infinito de tu Corazón, en donde se encierran todos los tesoros de sabiduría y de ciencia. Sólo allí logra el alma saciar tanta sed de infinito y tanto deseo de Cielo, pues para esas alturas fue creada.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

 

Corazón apostólico de Cristo, ruega por nosotros

“Que el mundo conozca que Tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí” (Jn17,23). El Padre nos entregó para siempre a Cristo, su verdadero Apóstol. Como una madre lleva a su criatura, como un padre cuida de su hijo, así nos lleva y nos cuida Dios, hasta que los suyos, nosotros, conozcamos que el Padre nos ama como ama a su Hijo unigénito. Si no me importan las almas es que no me importa mi Dios. Si no vivo mi apostolado como algo que debe atravesar en profundidad cada minuto de mi jornada y de mi actividad es que todavía no he empezado a latir al unísono con el corazón apostólico de Cristo. Corazón entregado hasta el extremo a los hombres, a todos sin excepción, a cada uno de manera personal, a mí. Mientras no me duela el mundo sin Dios, mientras siga posponiendo mi entrega apostólica a mis múltiples y legítimas excusas, mientras siga optando por un cristianismo ramplón, mediocre y conformista, las almas seguirán esperando que alguien, tú y yo, les acerque a Dios, y Dios seguirá esperando que alguien, tú y yo, correspondamos a su gracia y extendamos a todos la eficacia salvadora de la Cruz de Cristo.

No nace el apostolado donde no hay mucha vida interior y mucha contemplación de Aquel a quien tenemos que anunciar. Corazón apostólico de Cristo, que no escatimas esfuerzo  por acercarte a mi vida y entrar en mi alma, que te das sin medida a cuantos te buscan y se te acercan. Me envías en tu nombre, como Tú fuiste enviado en nombre del Padre, para que todos los hombres entren por caminos de salvación. En tu Corazón entregado aprendo yo a llevar, en el seno de mi oración, la vida de aquellos que Tú me has confiado. Por ellos, por Ti, he de saber entregar mi vida, sin esperar a que otros hagan lo que a mí se me pide.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

 

Corazón regio de Cristo, ruega por nosotros

Eres Rey, pero tu reino no es de este mundo (cf. Jn 18,36). Tu señorío, tu majestad, tu dignidad regia, se manifiestan en el escondimiento del seno virginal de María, del pesebre de Belén, de los años de vida oculta en Nazaret, de la Cruz, de la Eucaristía, en las manos del sacerdote, en la vida del alma. Corazón regio de Cristo, que sólo reinas allí donde te ocultas. ¡Cuánto me cuesta hacerte Rey y soberano de mi vida! Cuántas excusas de tiempo, de trabajo, de ocupaciones, de familia, de comodidad, de falta de ganas para entregarme más, se convierten cada día y cada momento, en reyezuelos tiranos que te usurpan el trono y se arrogan tu dignidad de Dios y Señor de mi alma. Y tú callas ante las decisiones de mi libertad, ante mis elecciones, ante ese dueño y señor de mi vida que es el propio «yo», manifestando de nuevo con tu silencio misericordioso aquel mismo señorío divino que mostraste en tu Pasión ante Pilatos, Herodes y Caifás.

Reinas allí donde hay sencillez, pobreza interior, desasimiento de uno mismo. Tu poderío es el dolor y el gozo de la Cruz y tu majestuosa gloria resplandece en la victoria de la resurrección. Tu Reino no es de este mundo, pero yo me empeño en construirlo, a mi modo y según mis criterios, con los oropeles y las falsas coronas que otros me ponen. Dueño y Señor de la vida y del tiempo, de la historia y de las almas, que imperas por encima de todo mal y has vencido ya todo pecado.

De tu Cruz he de aprender ese señorío espiritual, que tiene en el fracaso y la incomprensión su trono y su cayado. Corazón de Rey y de Señor, que buscas el trono de las almas sencillas, para manifestar en ellas toda tu gloria y esplendor. El mundo, que no soporta su propia tiranía, se rendirá algún día a tus pies, cuando vengas de nuevo revestido de gloria.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo

 

Corazón tentado de Cristo, ruega por nosotros

Fuiste llevado por el Espíritu al desierto y allí el diablo te tentó durante cuarenta días (cf. Lc 4,1-2). Cuánto enseña la sequedad y la aridez del desierto, sus noches frías y solitarias, sus estíos implacables, y sus soledades. No sólo dejaste que los hombres dispusieran de Ti sino que, incluso, permitiste al demonio acercarse con la tentación a tu divino corazón. Siempre con motivos buenos, justos, lícitos y hasta aparentemente virtuosos se disfraza el tentador de ángel de luz. Los fáciles atractivos del mundo, la codicia de riquezas materiales o espirituales, los susurreos de la carne invitando al goce inmediato y pasajero, la tentación del desánimo y la desconfianza en Dios, y hasta los vagos entretenimientos que enredan al alma en la tibieza, todo, todo es poco para el príncipe de la mentira, si consigue en algo distanciarnos de Dios. Su gran conquista es entrar por el corazón, y ofuscar en la ceguera a las almas buenas.

Aquel Corazón tentado de Cristo es la fuerza de nuestros desiertos y la victoria de nuestras tentaciones. Quiso dejarse tentar, vencer en su propia carne la persuasión del demonio, para mostrar la fuerza de su divinidad y ayudarme en la debilidad de mis caídas. El hombre del principio dialogó con la serpiente y fue vencido; Cristo, el Hombre en plenitud, sólo dialogó con el demonio para vencerle.No sucumbas al diálogo con el mal, con esas insinuaciones y ocurrencias que te apartan de la voluntad de Dios, que te justifican con motivos buenos tus defectos, pecados y omisiones.

Serás fuerte en la tentación, si oras en el desierto de tu debilidad, pidiendo la fuerza de Cristo. Corazón tentado de Cristo, que vences todo mal con la mansedumbre del bien, me animas a seguir, a pesar de tantas caídas, en mi lucha diaria contra el maligno. Tú siempre vencerás en mí, pues todo lo venciste en la Cruz.

Si quieres ayudar a Mater Dei, entra en nuestro grupo Teaming, aportando 1 € al mes: https://www.teaming.net/asociacionpublicadefielesmaterdei-grupo