Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros

Desconcierta sobremanera cómo el Señor elige con predilección lo más sencillo y simple a los ojos del mundo para poner patas arriba nuestros sabios y doctos criterios, nuestros esquemas, nuestros planes y criterios. Así lo hizo en María. Así lo hizo en José. Así lo hizo en aquellos niños de Fátima. Y así fue también en su propio Hijo, que se hizo pequeño, para escandalizar y confundir la orgullosa y engreída sabiduría de los hombres.

Aquel rincón de Fátima sigue siendo hoy signo de contradicción y piedra de escándalo para todos los que buscan una salvación fácil y comodona, según la medida y el criterio humano, o se inventan un cristianismo sin cruz y una redención sin dolor y sin renuncia. Mientras siga habiendo un corazón en el que anide el pecado, mientras siga habiendo en tu vida tantas omisiones, egoísmos, medianías, críticas, faltas de fe y de confianza en Dios, seguirá siendo de urgente actualidad el mensaje de la Virgen de Fátima de orar, ofrecer y reparar tanto desprecio hacia el amor de Dios.

Que no desfallezca tu oración. Que nunca dejes de apoyar el peso de tus pecados y necesidades en el rezo del rosario. Esa sencilla oración es fuente de innumerables gracias para ti y para la Iglesia, si sabes poner en cada Avemaría ese poco de amor reparador y suplicante, que se conmueve ante el pecado de sus hermanos. Aprende de la pureza de corazón de aquellos pastorcitos de Fátima, que supieron ver, con las pupilas de la simplicidad, los ojos divinos de aquella Mujer Inmaculada, que enamoró a Dios y conmovió al mundo. Pidele a esta gran Madre y Señora un alma de niño, para poder entrar en el misterio de la simplicidad de Dios.

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