“¿Qué relación hay entre la justicia y la iniquidad?” (2 Co 6,14)

Uno de los temas que con más fuerza plantea san Pablo es el “misterio de iniquidad”. Cristo murió en la Cruz para nuestra salvación, sin embargo, aún conviven entre nosotros el pecado, el desorden, la maldad, la depravación, la injusticia… ¿Dónde ha vencido la gracia? Junto a la vida permanece la muerte, y este drama es el que hace a tantos caer en el desaliento.

Si el misterio del hombre sólo puede entenderse a la luz de Jesucristo, entonces ha de ser Él nuestro único referente. Nuestro Señor no escondió ninguna verdad, antes bien, nos dio a conocer nuestro destino aquí en la tierra: tristeza, pobreza, persecución… pero con una clara advertencia: “la recompensa la alcanzaréis en el Cielo, no en este mundo”. ¿Por qué esa demora? ¿Por qué seguir sufriendo hasta la muerte?

San Pablo nos dice: “Para esto se os ha llamado por medio del Evangelio, para que consigáis la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. Esa gloria ha de pasar, ¡sólo y exclusivamente!, por la Cruz, también misterio de iniquidad, pues nuestro seguimiento de Cristo consiste en identificarnos con sus mismos sentimientos. Cristo murió en la cruz, nosotros hemos de ir muriendo cada día a nuestros pecados, abrazando nuestra propia cruz, para vivir en Él. Cristo resucitó, nosotros resucitaremos, en el último día, sólo si ponemos nuestra confianza en Él, no en nuestros voluntarismos. Te repites, una y otra vez, que supone mucha carga y mucho esfuerzo, ante tanta debilidad personal, llevar a cabo semejante camino. Recuerda las palabras del Apóstol: “Con sumo gusto seguiré gloriándome, sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo”.

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