“¿Eres Tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”

Vivimos en un mundo repleto de profetas. Unos, vaticinando catástrofes, otros prometiendo el oro y el moro. Ser asesor de imagen es uno de los grandes negocios de nuestros días. Se trata de vender lo que no se tiene o lo que no se es. Y para ello, todo un grupo de profesionales se reúne para estudiar cuál es la demanda popular o ver cómo introducir en el mercado un producto que, a base de anunciarlo, se convertirá en una falsa necesidad. Esto que la publicidad consigue para las “cosas” puede aplicarse también a tantos hombres que, en el orden político, cultural, o en el espectáculo, son transformados en los nuevos mesías  de nuestra época. ¿A quién hay que hacer caso?

Si en algo nunca cayó nuestro Señor fue en la manipulación. Se presentó ante su pueblo “tal cual” era. Además de proclamarse Hijo de Dios, le acompañaron sus palabras y sus obras, “sin trampa, ni cartón”. De esta manera, los discípulos del Bautista acuden a Jesús para que les resuelva el enigma de si era él al que habían que seguir. “Decid a Juan lo que habéis visto: los cojos andan, los ciegos recobran la vista, y los enfermos son sanados”. Por ello, Jesús nunca fue bien visto ante los que habían dado la espalda a Dios, comenzando por los que ejercían la autoridad religiosa en Jerusalén.

Tú y yo no tenemos que esperar a “otro”. El que tenía que venir ha llegado y nos ha obtenido la salvación definitiva. Lo que se nos pide es coherencia de vida y correspondencia ante tanto bien recibido. La coherencia es actuar conforme a lo que hemos recibido, es decir, vivir como verdaderos cristianos en nuestro pensar, obrar y decir. La correspondencia no es otra cosa que dejarnos querer por el amor de Dios y, así, amar a los demás. Porque “Dios ha tomado de lo nuestro, para darnos de lo suyo”.  

RECOMENDAMOS: Carmen Álvarez Alonso, Teología del cuerpo y Eucaristía. Pedidos a MATER DEI.

Disponible también en iTunes y en Amazon

Deja tu opinión

*