“Vayamos a algún lugar a descansar”

La invitación del Señor a sus discípulos viene después de una jornada llena de caminatas y cansancios, predicaciones, encuentros con la gente, diatribas con los fariseos, idas y venidas de una aldea a otra. A todos cayó muy bien esa invitación al descanso. Jesús explayaba su corazón sólo con los suyos; sólo con ellos hablaría abiertamente sobre lo sucedido durante la jornada, o gastaría alguna que otra broma para serenar los ánimos. Esa sencillez de familia, tan propia de un ambiente de amistad y confianza, era el descanso del Señor.

Todos necesitamos del descanso, aunque a veces no sepamos hacerlo. Vamos acumulando activismo, desorden de vida, imprevistos y contratiempos, contrariedades y agobios, y es lógico que busquemos en los ratos de ocio el reposo y descanso necesario. Pocas veces, sin embargo, buscamos ese descanso en Dios. ¡Hay que aprender a descansar en El y con El! Como un amigo abre su corazón a otro amigo así ha de ser nuestra relación con Él. Creemos, desacertadamente, que nuestro trato con Dios se reduce a un cúmulo de obligaciones y cumplimientos que, al final, añadimos a nuestros afanes diarios como una carga más. Hasta que terminamos pensando cuánto mejor sería emplear ese tiempo de Dios en otro tipo de bagatelas más urgentes.

Aprender a descansar junto a Jesús es, sobre todo, saberse querido y comprendido, no por lo bien que hacemos las cosas sino porque sabemos que nos ama tal y como somos. ¡Cuánto más rendiríamos ante las dificultades con ese descanso que, “a gritos”, nos pide el alma y el cuerpo! No te inventes excusas diciendo que no tienes tiempo para descansar, porque entonces serás un vulgar prisionero de las horas, que te esclavizarán en el burdo mundo del activismo, y serás incapaz de realizar tu actividad para dar gloria a Dios. Sepamos descansar en Dios, que es la mejor de las maneras de no complicarnos la vida con ocios que nos agotan y nos hacen perder el tiempo a nosotros y a los demás. 

RECOMENDAMOS: Carmen Álvarez Alonso, Teología del cuerpo y Eucaristía. Pedidos a MATER DEI.

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