Archivos para 4 enero, 2019

Los pastores fueron a toda prisa

Aquella noche, como tantas otras, los pastores de la comarca se repartieron los turnos de vela del rebaño. Habían pasado todo el día ocupados con los animales y ahora les tocaba, como de costumbre, dormir al raso, poco y mal. Nada hacía sospechar que en medio de su ocupación diaria, de su cansancio, de la monótona simplicidad de sus trabajos, de sus pequeñas o grandes preocupaciones, iban a ser testigos privilegiados del nacimiento de Dios. En aquel rincón solitario y oscuro de la comarca, muy lejos de la suntuosa riqueza de la corte de Herodes, la gloria del Señor envolvió a aquellos pastores rudos e ignorantes que no entendían nada de lo que estaba pasando a su alrededor. Lucas nos dice que fueron a toda prisa a ver lo que les había dicho el ángel.

Aquellos pastores habrían podido seguir allí reunidos junto al fuego, discutiendo si ir o no ir a Belén, decidiendo si aquello era verdad o no, si sabían de alguna mujer de los pueblos cercanos que hubiera dado a luz aquel día, si era prudente o no abandonar sus rebaños, si merecía la pena ponerse en camino o era una exageración desproporcionada. Podían haberse quedado durmiendo, seguros de que lo que había pasado y lo que les había dicho el ángel era una ilusión fantasiosa y un sueño. Y, sin embargo, no pusieron pegas, no les importó la hora intempestiva de la noche, ni el cansancio que tanto les pesaba, ni el sueño, ni los rebaños, ni la oscuridad de la noche. Ni siquiera fueron corriendo por curiosidad, para comprobar si aquello era verdad o no o por el mero afán de novedades. Sólo se pusieron en camino y fueron a toda prisa a ver lo que había sucedido.

Tú y yo tenemos mucho que aprender de las prisas de estos pastores que no pusieron pegas, ni buscaron excusas, ni sacaron la agenda, ni le explicaron al ángel los compromisos familiares y las muchas ocupaciones laborales por las que no podían ir a Belén. Aquel rey Herodes, que recomendó a los magos de oriente que se informasen cuidadosamente de todas las noticias relativas al Niño y que luego volviesen a contarle para ver qué era aquello, por si acaso también él decidía ponerse ir a Belén, nunca jamás llegó a ver al Niño ni se llegó a poner en camino.

Has de dejar todos tus rebaños, tus cosas, tu tiempo, tus preocupaciones, tus ambiciones, tu pereza y comodidad, tus compromisos, tus pegas y excusas, cuando se trate de estar y cumplir con las cosas de Dios. Tratándose de Él, incluso en aquellas insinuaciones que el Señor te inspira y te dice en la sola intimidad de tu alma, has de ser diligente y presuroso en tu respuesta. Son las prisas del amor, que nada saben de excusas, comodidades y medianías. 

RECOMENDAMOS: Carmen Álvarez Alonso, Teología del cuerpo y Eucaristía.

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