Christus natus est nobis

Nos acostumbramos a no reconocer los prodigios de Dios sólo porque suceden revestidos de una prodigiosa e inaudita sencillez. El frío silencio de una pobre noche, que alberga en su seno la plenitud de los tiempos y el sentido profundo de la Historia. La exquisita filigrana de un corazón de Madre, que atrae sobre sí toda la complacencia y el amor del Padre. La débil desnudez de una carne humana, que es capaz de revestir de humildad toda la gloria y la trascendencia de Dios.

Conmueve profundamente la contemplación de esa carne infante, que esconde la grandiosa omnipotencia divina hasta el escándalo del anonadamiento. El corazón ha de hacerse pastor y peregrino ante este Niño de Belén, que trae en su carne la misericordia y el amor infinito del Padre. Acércate junto a José, a contemplar en el silencio de tu alma a este Dios que embelesa a los ángeles. Acurrúcate entre los pastores y ofrécele, como ellos, ese poco de amor que tengas para calentar las frías pajas de este oscuro mundo.

Ponte junto a la Virgen Madre, para arropar con Ella la débil desnudez de ese amor divino humanado. Besa las manos de ese Dios Niño, las mismas que un día te crearon, las mismas que habrán de acogerte cuando llegues para siempre a la casa del Padre. Aprende de aquellos animales del establo, entre los que el Señor quiso nacer, haciendo suya la humildad de su pobre condición de criaturas. Contempla la escondida pobreza de aquel establo de Belén, que en nada envidió la majestuosa y secular belleza del Templo de Jerusalén. Por ti, y sólo por ti, tu Dios se hizo carne de Niño. Adora, contempla y calla, porque solo el silencio que adora es capaz de hacerse eco de esta Palabra, hecha carne para ti.

A TODOS LOS SUSCRIPTORES DE LAÑAS, MATER DEI LES DESEA UNA ¡FELIZ Y SANTA NAVIDAD!

 

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