Archivos para 23 diciembre, 2018

La mística de la vida ordinaria

Tu alma está hecha para albergar en sí lo ilimitado e infinito de Dios. Has de encontrar el lugar y la fuente de esa secreta intimidad con tu Cristo en las condiciones concretas de tu vida ordinaria, en los quehaceres de tu día a día. Ahí has de saber escalar las altas cumbres de la mística de lo ordinario, pues es ahí donde quiere el Señor hacerte gustar las delicias de su cruz. “¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer para entrar en ella, en la espesura de la cruz!”.

Si el Verbo tomó la carne de nuestra miserable condición humana, también las más altas gracias místicas pueden hacerse carne en tu pequeña alma. Tu cruz de cada día, aunque sea pequeña, es cruz; la fidelidad de cada día, con ser pequeña en  la apariencia, no deja de ser fidelidad. La mística de la vida ordinaria, con ser pequeña en sus formas, es, como tu alma, ilimitada e insondable como el mismo Dios. La espesura y estrechez de tu día a día es un pozo sin fondo donde has de beber las riquezas inagotables que manan del corazón de Dios. “Para entrar en estas riquezas de su sabiduría la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos”. No quieras un cristianismo sin cruz porque terminarás viviendo una fe sin Dios. No midas la calidad de tu oración según los gustos y deleites que sientes, tus sublimes pensamientos o los propósitos que haces, sino por el enorme y callado amor con que sabes permanecer en la fidelidad oscura y desabrida a tu Dios.

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