Lo compasivo hacia nosotros se hizo Madre

Allá, en el seno eterno y silencioso del Padre, reposaba desde siempre el Verbo, esperando la plenitud de los tiempos. Gestado en el Amor del Espíritu, se daba al Padre como Amor compasivo hacia nosotros, pues el fruto engendrado del Amor es también Amor. En ese mismo Amor purísimo, entregó el Padre a su Verbo, para que descansara en la carne materna de María. Y allí, gestado nuevamente en el Amor del Espíritu, aquel fruto del Amor seguía haciéndose, desde la carne, compasión hacia nosotros y compasión hacia el Padre. El Amor materno del Padre hizo una Madre en María para que allí descansara el Verbo como descansaba eternamente en el seno virginal del Padre. El Padre nos dio en el Amor al Verbo y se hizo materno; María nos dio por Amor al Verbo y se hizo Madre. El Padre lo engendró de sí en el Espíritu; María lo engendró del Padre también en el Espíritu. Y la misma compasión que hacía Padre al Padre hizo también Madre a la Madre.

Lo compasivo hacia nosotros se hizo madre, en el Padre y en María. Hace falta tener muy dentro a Dios para poder darlo a los demás. Hace falta concebir, gestar, alimentar, llevar y cargar en el seno de nuestra alma esa vida del Verbo y del Espíritu, para poder darla con amor compasivo a todos los hombres. Hace falta un corazón muy puro para poder concebir virginalmente en nosotros, sin pecado, esa vida divina del Verbo. Estás llamado a entrar por caminos de maternidad espiritual, con ese mismo Amor compasivo hacia todos que hizo materno al Padre y que hace a la Virgen nuestra Madre. Ser madre de Dios en las almas como lo fue María del Verbo. ¿Es que puede, acaso, una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Así sea también tu amor compasivo hacia los hombres.

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