Caminando sobre las aguas

Hay situaciones en las que parece que nuestra barca se aleja de tierra y queda perdida en altamar, sin la seguridad de ver la costa. Otras veces parece que las circunstancias se encrespan como un mar en tempestad, te zarandean por todas partes y hasta parece que tu barquilla se hunde, porque se te caen todas esas seguridades humanas en las que confiabas. A veces, incluso, tienes la impresión de ir caminando sobre el agua, sin hacer pie, sin saber dónde apoyarte, qué paso dar, qué decidir, en quién confiar, por dónde abrir camino. Y todo, quizá, en noche muy cerrada, con una oscuridad interior que sólo deja ver en el alma las sombras del pesimismo, de la tristeza y del desánimo. Es el momento de la fe, oscura pero cierta, de la osadía del abandono, que confía y confía en su Dios contra toda esperanza.

Los apóstoles tuvieron que verse en esas circunstancias para poder ver al Señor, que venía hacia ellos caminando sobre las aguas. Ellos estaban tan aturdidos y asustados que no se dieron cuenta de que nunca había dejado de seguirles con la mirada desde la orilla. Mientras vivas faenando en las aguas de este mundo siempre tendrás que arrojarte con valentía, como Pedro, y caminar por encima de las olas de tus estados de ánimo, de tus comodidades, de tus limitaciones y defectos de carácter, de tantas situaciones difíciles o aparentemente absurdas. Y siempre con la impresión de hundirte, de no alcanzar tierra, de que la noche se hace interminable… Espera en Dios, con la calma de un corazón abandonado, aunque sea desde un amor que sólo sabe hablar con el deseo. Le encontrarás al paso de tu fe ciega y oscura, cuando sólo la luz del abandono guíe el rumbo de tu alma. 

RECOMENDAMOS: Carmen Álvarez Alonso, Teología del cuerpo y Eucaristía.

disponible ya en iTunes y en Amazon

Comentarios

  1. Muy bonita y actual. No podemos caminar solos; necesitamos contar cob Él.

Deja tu opinión

*