Reza por tu Pastor

En el s. IV los papas Silvestre y Siricio dedicaron las imponentes basílicas de san Pedro y san Pablo a dos imponentes santos. Cada uno con un estilo propio de santidad y con vocaciones diferentes, cada uno con sus defectos de carácter, sus dotes y cualidades, pero los dos fueron capaces de corresponder sin desánimo a la gracia recibida. Hoy, tu y yo los veneramos como dos grandes apóstoles y pilares de la fe de la Iglesia. Así has de ver también a tu Pastor. Al Papa, que no sólo es pilar sino cabeza de este cuerpo que es la Iglesia, un cuerpo que ha de mantenerse siempre vivo por la comunión de la fe. Al Obispo de tu diócesis, que es también pilar y cabeza de esa iglesia concreta en la que tú has sido engendrado a la fe y que, aun con arrugas y defectos, no cesa de acompañarte de la mano con dedicación de madre. Reza también por tus pastores más cercanos: los que te guían a través de la dirección espiritual, aquellos que te sirven dándote a Dios en los sacramentos, aquellos que se acercan a ti a través de la amistad, necesitados quizá de un poco de descanso, aquellos que te hayan podido confundir o desanimar por sus defectos y miserias.

Todos son, a la vez, un poco de Pedro y un poco de Pablo; a su manera, con sus dificultades, con sus aciertos y sus errores, pero siempre con la gracia y la luz indefectible del Espíritu Santo que habla y actúa a través de su ministerio. Has de ser su báculo en el camino, ya que ellos te llevan a ti sobre sus hombros. Has de rezar con ellos y por ellos, ya que ellos te han desposado a ti, como miembro de esta Iglesia a la que ellos entregan su vida. Búscate un momento de cada día para sostener con tu oración a estos pilares en los que se apoya tu vida cristiana y tu fe.

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