El cielo es para ti

Los santos son maravillas de Dios porque son el espejo del Corazón amantísimo de Jesús. Pocas veces nos acordamos, quizá, de avivar esta dulce hermandad que tenemos con todos los santos del Cielo. Y, sin embargo, la realidad de la comunión de los santos es tan real que, sin esta savia, el tronco de la Iglesia ya se habría secado hace tiempo. No los tengas sólo como modelos de vida, inalcanzables por su altísima santidad. Apóyate en ellos, estrechando fuertemente su mano como se estrecha con fuerza el bastón cuando el camino es duro y empinado.

No olvides que ellos, como tú, saben muy bien de caídas, debilidades, tentaciones, defectos, pecados y sufrimientos, porque no nacieron ya canonizados. Ten especial cariño y confianza con nuestra Madre, la Reina de todos los santos, que también supo de oscuras peregrinaciones en la fe. Y mira con predilecta devoción al gran san José, ya que también él fue mirado con especial predilección por su Hijo, Nuestro Señor. Los santos nos sitúan en la única verdad de las cosas y de la vida. Ellos, desde el Cielo, nos gritan que ¡es posible! ¡Es posible, y real, la santidad, tu santidad!

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