Hacer examen de conciencia

Para amar a Dios es indispensable conocerse a sí mismo. Por eso, si quieres tomarte en serio tu entrega a Dios, desde tu estado de vida propio, es imprescindible acostumbrarte a la práctica diaria del examen de conciencia. Porque, donde no hay conciencia de pecado no hay conciencia de Dios, y tampoco puede haber conciencia de sus dones y gracias.

Ponte en la presencia de Dios y pídele la luz y la ayuda de su Espíritu para querer ver tu jornada como Dios la ve. Después detente despacio en ese trípode que debe sustentar tu examen: tu relación con Dios, con los demás, contigo mismo. Pondera despacio qué has hecho bien, qué has hecho mal, qué debe-rías haber hecho que no hiciste, qué deberías haber hecho mejor… Da gracias a Dios, porque todo el bien que hay en ti y que has hecho a los demás es obra suya. Pídele perdón de tus faltas y pecados, abrazando interiormente ese corazón de Padre que recibe siempre, una y otra vez, al hijo pródigo. Pídele ayuda para vivir mañana un propósito concreto. Y todo mirando a la Virgen, Ella que tantas veces abrazó en su Hijo el pecado de toda la humanidad. Sé fiel a este examen diario, aunque estés cansado, dormido o sea ya muy tarde, pues en esa fidelidad te juegas mucho. Conocerse a sí mismo a la luz del amor de Dios es, sin duda, uno de los más grandes bienes que nos podemos hacer…

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