El amor a las criaturas

Si no amas el mundo apasionadamente no amas la obra de Dios y todas sus mediaciones. Pero, que no te engañe el corazón, porque, con ser frágil, voluble y quebradizo, está hecho para albergar en sí el amor infinito de Dios y no saciarse con nada que no sea Él. Las criaturas materiales y, sobre todo, las personas merecen todo nuestro aprecio y no puedes no amar el mundo que Dios ha creado para ti. Pero, bien porque son limitadas y defectuosas, bien porque mueren, porque son inconstantes, porque se mueven por interés, tarde o temprano, esas criaturas te vienen a fallar.

¿Hay algo, o alguien, capaz de asegurarte ese afecto y ese cariño pleno, total, eterno, que tu corazón menesteroso anda mendigando? Es duro, pero cierto, que hasta el amor de una madre te puede fallar. Mira dónde pones el corazón, no sea que aquellos afectos y cariños que parecían llenarte de felicidad hasta rebosar se quiebren y te traicionen, dejándote hundido en el desengaño y la desilusión. Llena tu amor de Dios y verás cómo todos tus afectos se centran y equilibran, y hasta se hacen más sinceros, firmes y tiernos. El verdadero amor, porque nace de Dios, siempre es camino hacia Él. Ama con el amor más grande que puedes dar, no el tuyo sino el de Dios, y serás capaz de amarlo todo, todos, con la libertad de los hijos de Dios.

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